¿Qué es el estrés?

El estrés es la herramienta más potente que tiene nuestro organismo para asegurar su supervivencia.


Durante nuestros casi trescientos mil años de existencia, nuestra integridad física corría peligro con mucha más frecuencia que ahora. Y cuando nos enfrentábamos a una amenaza, el estrés nos permitía dedicar todos los recursos físicos y mentales a huir o luchar multiplicando por unos minutos nuestra fuerza, habilidad y velocidad.


Pero este estado nunca duraba más de 5 o 10 minutos. Después de ese tiempo luchando cuerpo a cuerpo o huyendo, la situación se resolvía con la vida o con la muerte pero el estrés dejaba de ser necesario. El resto del tiempo, estábamos tranquilos, presentes en ahora.


Hoy, hemos cronificado el estrés hasta el punto en el que una de cada cuatro personas lo sufre de forma continuada y se ha convertido, junto con la alimentación, en la principal causa de enfermedad.


Cuando un pensamiento o estímulo externo desata una reacción de estrés, se activa el modo lucha/huída y el cuerpo dirige todos sus recursos hacia los grandes grupos musculares de las piernas y los brazos para aumentar todas las probabilidades de ganar esa pelea o huir lo más rápido posible.


Esto tiene mucho sentido y es inofensivo durante cinco o diez minutos, pero se convierte en algo nefasto cuando se alarga en el tiempo.


Piensa en un país en guerra. Cuando un país está en guerra, destina todos sus recursos a atacar y defenderse del contrario aplazando todo lo demás por muy importante que sea. Así, se queda sin recursos para abrir las escuelas, atender a los enfermos y reparar las carreteras.


En un país en guerra, mejorar las infraestructuras, procesar los residuos o invertir en cultura es una utopía. En un cuerpo con estrés cronificado, reparar el daño celular, lidiar con antígenos y tóxicos y tener pensamientos racionales y creativos es imposible.


El neocortex es el área del cerebro evolutivamente más reciente y la responsable de todas sus funciones superiores. Es lo que nos hace humanos.


El razonamiento, el aprendizaje, la planificación, la creatividad, el análisis o la toma de decisiones por propia voluntad nacen del neocortex.


Es el hogar de la mente ejecutiva, el pensamiento consciente y donde nace tu personalidad.

Ocupa las dos terceras partes de nuestro cerebro y necesita mucha energía para funcionar, ¡casi la cuarta parte de la energía que consume el cuerpo entero!


Por eso, en una situación de estrés, es la primera parte del cerebro que apagamos. Porque cuando tienes que concentrar todos tus recursos para huir y luchar cuerpo a cuerpo, no necesitas ni empatía, ni creatividad ni pensamiento abstracto.


Así el estrés nos deja en manos del sistema límbico y nos reduce a puro instinto, territorialidad y sentimientos básicos.


¿Has intentado controlar lo que comes cuando tienes ansiedad?

¿Te resulta fácil no estallar cuando parece que todo se te viene encima?


La ansiedad y el estrés no solo dejan sin recursos a nuestros órganos vitales, al apagar la zona del cerebro responsable del pensamiento racional y la inteligencia emocional nos dejan sin los recursos fisiológicos necesarios para controlar nuestros impulsos.


Para recuperar el control sobre los circuitos cerebrales que nos arrastran a comer sin control y nos abandonan a merced de las emociones tenemos que recuperar la conexión y volver a encender el neocortex.


Todo empieza y acaba en ti. Nada de lo que te pasa se debe a que no tengas fuerza de voluntad o a que tengas mala suerte. Tu realidad está al alcance de tus hábitos.

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